Sorprendente historia de vida que nos ayudará a enfrentar los tiempos de hoy…

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Ella es Ana María Rosti, tiene 75 años y una energía increíble que le permitió salir adelante siempre de los momentos más duros que la vida le puso en su camino, quizá como prueba, quizá por una simple cuestión del «destino». Tenía sólo 13 años cuando su abuela le repetía casi cotidianamente que ella pronto iba a descubrir algo que ayudaría a muchos, aunque quizá le diera temor. «Yo era chica, sólo pensaba en jugar y no sabía de lo que mi abuela me estaba hablando, pensaba que estaba loca…» cuanta Ana María, entre risas y una mirada pícara que nos genera aún más intriga.

 

Estaba Jesús mirándome y me dijo «no me toques», eso es lo único que me dijo y no paré más hasta hoy que tengo 75 años… No paré más… Vi cosas lindas, cosas muy feas y empecé a ver la realidad de la vida, lo que iba a pasar en el mundo… se cae un avión, veía fuego… me adelanto mucho al tiempo yo, a lo mejor te puedo decir cosas que pueden pasar de acá a tres años, o a 20 años. Hay una voz interior que a mí me habla continuamente y digo lo que la voz me dice que tengo que decir, y no paré más, y hace 28 años que hago esto, y no paré más…, nos cuenta Ana en uno de los pasajes de la distendida charla que tuvimos en el patio de su casa frente a nuestra cámara de video.

 

Su abuela le advirtió a los 13 años, que empezaría a percibir «cosas» que le servirían para ayudar a otras personas…

 

Aquella mañana del primer sábado de marzo de 2020, antes del Decreto Nacional que estableció el aislamiento total por la pandemia mundial de coronavirus, viajamos hasta Rufino, ciudad ubicada a unos 210 km de Casilda en el extremo sur «de la bota» de Santa Fe. Allí nos esperaba una mujer, conocida cariñosamente por muchos como «La Brujita de Rufino». Llegamos a la puerta de su casa, un barrio tranquilo y un cielo nublado le ponían aún más misterio a la historia, SU HISTORIA… y la de mucha gente que tuvo la dicha de conocerla y comenzar a ver la vida de otra manera. Ana María, «Nené», como otros la conocen, tiene para compartirnos entre tantas cosas su experiencia vivida en la Virgen de Salta y el milagro tan esperado.

 

A mí me gusta que me digan «la brujita», porque a mí me gusta volar… Yo soy una mujer que me gusta volar, entre sueños vivo volando de lo que me pasa; y las brujitas no hacemos daño, sabemos volar… Y no curamos, porque yo no curo, es Dios el que nos da fuerzas en estas manos para ponerlas sobre una persona y nada más… Por eso me gusta, bruja no con maldad, lo digo con amor, con cariño… Cuenta Nené mientras su rostro dibuja una sonrisa.

 

A menudo cuando las cosas no nos salen como planeamos, nos acordamos que existe un Dios, llamémoslo con el nombre que cada uno quiera; aunque un Dios al fin, al cual buscamos de hacer responsable de nuestras desgracias, de nuestros errores o muchas veces de desacertadas decisiones pero pocas veces compartimos con Él nuestros logros, nuestros éxitos, nuestra felicidad. En la rueda de la vida todo cuenta, siempre debemos ser agradecidos, y cuando las cosas se complican no está mal buscar una ayuda, en quien creamos conveniente, siendo conscientes que debemos estar dispuestos a que nos ayuden, debemos ser abiertos a buscarle esa vuelta a la vida y todo se empieza sanando el alma…

 

Ana María Rosli, conocida en cariñosamente en su ciudad como «la brujita de Rufino», cuenta su experiencia personal, milagro y Fe. WhatsApp 3382-413711

 

Te invitamos a que conozcas la Historia, con mayúsculas, de esta mujer; que siente ganas de ayudar a quien lo necesita, con algo tan simple aunque complejo como es el diálogo, contarle al otro su visión, su intuición, lo que esa voz interior le refleja para que nos retransmita. Todos pasamos por este mundo con una misión sobre nuestras espaldas, y ella tiene como tal ayudarnos en el camino de nuestra vida. El final es muy fuerte, podés o no estar de acuerdo… [MIRÁ EL VIDEO]

 

COMUNICATE CON ANA MARÍA A TRAVÉS DE SU FACEBOOK:
https://www.facebook.com/anamaria.rosli.5

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1 respuesta

  1. Emiliano dice:

    Que grande mi abuela, mi brujita!

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