La «pandemia», lejos de ablandar corazones, mostró el lado más cruel de algunos…

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El viejo Juan luce desalineado, con un grueso sacón gris, gorro de lana, barba de algunos días y una voz baja, muy baja que casi ya no pronuncia su nombre.

 

En estos tiempos donde se suponía el coronavirus junto al aislamiento nos debía dejar una enseñanza como sociedad, donde debíamos entender la importancia de la solidaridad en todos sus eslabones, donde pensábamos que muchos corazones se ablandarían por el sólo hecho de ver la insignificancia del ser humano frente al mundo; hoy, en estos tiempos donde todos creíamos haber aprendido algo y que nos volveríamos más humanos como sociedad, debemos contarte con un nudo en la garganta que algunos no aprendieron nada…

 

En esta historia, la que vivió Nicolás en primera persona, vemos como se desnuda la miseria humana; cómo alguien pierde valores frente a «un paquete de fideos» y la necesidad del prójimo.

 

Esta es la historia que nos hizo llegar Nicolás, verdulero de la vecina localidad de San José de la Esquina, casado y con tres hijos, con frecuencia viaja a Rosario para proveer de mercaderías su comercio; y ante su reiterado paso por Casilda, inevitablemente no pudo dejar de preocuparse por el conocido Juan; ese que camina a paso lento los últimos kilómetros de calle Buenos Aires en busca de cartón y papel que le permiten ganarse la vida y llevar el plato de comida a su mesa. El viejo Juan luce desalineado, con un grueso sacón gris, gorro de lana, barba de algunos días y una voz baja, muy baja que casi ya no pronuncia su nombre. Así camina la vida, desanimado, desahuciado, mirando al piso y pensado quizá en si comerá al día siguiente; aunque respetuoso de todos, hasta de aquellos que le dan vuelta la cara.

 

¿Quién no cruzó alguna vez al viejo Juan?… Su trayecto es silencioso, su vida es silenciosa y pasa de inadvertida para muchos, casi para todos…

 

Su trabajo es silencioso, junta cartones en los comercios de la principal calle de Casilda, esa misma que deja de ser Avenida para convertirse en la Ruta que debe transitar Nicolás para llegar con sus frutas y verduras frescas para su negocio. ¿Quién no cruzó alguna vez al viejo Juan?… Su trayecto es silencioso, su vida es silenciosa y pasa de inadvertida para muchos, casi para todos…

 

Juan es un hombre que camina a diario calle Buenos Aires de Casilda juntando cartones, y hoy la indiferencia de algunos le mostró otras de las miserias de la vida.

 

En esta historia, la que vivió Nicolás en primera persona, vemos como se desnuda la miseria humana; cómo alguien pierde valores frente a «un paquete de fideos» y la necesidad del prójimo. Te invitamos a leerla, y que nos dejes tu reflexión:

 

Martes 22 de Abril, 21:25 horas.

Hola buenas noches, quiero contarles algo que me sucedió. Ustedes lo deben conocer más que yo al «viejo» Juan; un hombre que apenas camina con su carrito juntando cartón. Anda por toda la calle Buenos Aires completa. Yo soy un verdulero de San José de la Esquina, con tres hijos y una esposa. Como sabrán la situación no está como para que a uno le sobre pero a veces hay que mirar alrededor y saber que uno está un poquito mejor que otros… Cuando empezó todo el aislamiento yo le compré al «viejo» Juan una bolsa de fideos para dársela y como no podía entrar hasta su casa, a la salida de Casilda (yendo hacia San José) está el control, le pregunté al Inspector de Tránsito o Policía (no sé bien qué era, sólo sé que andaba en una moto con baúl), si le podía alcanzar unos fideos a Juan y me dijo «Sí», no hay problema; y aclaró que conocía donde vivía el cartonero. Hoy, de paso nuevamente por Casilda, casualmente me encontré con Juan y le pregunté si le habían llegado los fideos… a lo que me respondió que la caja de mercadería que le dejé en la casa donde tienen las estatuas de dos leones, sí le había llegado todo, pero que ningún policía o inspector le llevó los fideos…

No es por los fideos el motivo de mi bronca, es por la actitud frente a la que me encuentro muy indignado. Muchas gracias y perdón por molestar, no sabía dónde escribir para que se supiera. Mil Gracias, finaliza Nicolás y agrega:

Por eso cuando paso por Casilda hacia San José, le dejo algo personalmente al «viejo» Juan o se lo dejo en la casa de «los leones» que sé que ellos se los van a llevar. Gracias por compartirlo.

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1 respuesta

  1. Lorena dice:

    Muy buen gesto!!!👏👏👏 Juancito como le deciamos en mi barrio,donde vivia (Granaderos a Caballos)buen hombre muy respetuoso.

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