Construir un futuro mejor no debe ser una utopía

"...Hay niños que caminan kilómetros para ir a la escuela, sin importar las distancias que recorren, y con cada paso." construyen un sueño.

“…Hay niños que caminan kilómetros para ir a la escuela, sin importar las distancias que recorren, y con cada paso.” construyen un sueño.

 

Por Natalia Marchegiani:

Estamos atravesando una realidad compleja, lo que vemos y oímos nos devuelve un panorama terrible. Nuestra sociedad está siento atacada por actos de corrupciones brutales. Los ciudadanos comunes seguimos como espectadores este drama, y en el mientras tanto, sentimos que nos saquearon, nos robaron la oportunidad de tener un país glorioso. Estas tierras ricas, en recurso y capital humano. tienen que reinventar esta situación absurda.
 
Nuestros viejos fueron capaces de sembrar con sus manos estas tierras, con la ilusión de dejarnos un paraíso. Profesionales que con grandes descubrimientos nos permitieron ser destacados a nivel mundial. Jóvenes que estudian y trabajan con la esperanza de construir un país distinto. Niños que caminan kilómetros para ir a la escuela, sin importar las distancias que recorren, y con cada paso construyen un sueño. Muchas personas solidarias que desde el anonimato hacen lo imposible para revertir situaciones terribles.
 
Tenemos muchas cosas para ser optimistas. No debe ser una utopía la construcción de un país mejor. Cada uno desde su lugar debe aportar con honestidad lo mejor que tiene para dar.
 
Es verdad que hay malos políticos que con su decidía y ambición nos hunden. Es verdad que hay personas inescrupulosas en todos los ámbitos, que han logrado dividirnos y enfrentarnos como sociedad. “O se está de un lado o del otro”, esto nos debilita y permite que nos dominen, nos sometan.
 
Podemos pensar distinto pero eso no nos convierte en enemigos. Tenemos que aprender a vivir en la pluralidad, respetándonos y sobre todo jamás perder la inquietud de cambiar esta realidad tan injusta. Somos más los que trabajamos con honestidad, vocación y pasión. No tenemos que permitir que esa minoría egoísta y perversa nos robe también la esperanza.
 
Personalmente veo esa esperanza, en mi padre que a sus 81 años hace aún la huerta para regalar la mitad de lo que cosecha. En mis hijos estudiando. En mis alumnos y en todo el potencial humanístico que tienen. En mucha gente común que a pesar de todo se levanta cada mañana y sigue…
 
Vos, ¿dónde ves esperanza?
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