Clásicos reinventados y nuevos favoritos: un recorrido culinario desde el postre nacional hasta la picada moderna

Clásicos reinventados y nuevos favoritos: un recorrido culinario desde el postre nacional hasta la picada moderna

En el universo de la gastronomía casera, la búsqueda del equilibrio entre los sabores que nos transportan a la infancia y las tendencias globales que desafían al paladar es constante. Mientras que la mesa argentina sigue rindiendo culto a sus tradiciones más dulces, como el infaltable flan casero, nuevas influencias internacionales comienzan a ganar terreno en la hora de la picada, incorporando ingredientes audaces como el chili crisp. A continuación, presentamos dos propuestas que, aunque opuestas en sabor, comparten la premisa de la calidad y el disfrute: la reivindicación del flan económico y unas galletas de queso con un toque picante que fueron elegidas entre las mejores recetas de 2025.

El mito de la docena de huevos y el secreto de la sencillez

Hablar de flan en Argentina es hablar de una institución. Sin embargo, existe una creencia arraigada de que para lograr consistencia y estabilidad se necesita una docena de huevos, algo que en la economía actual puede resultar un gasto innecesario. La realidad es que se puede lograr un “manjar de dioses”, liviano y perfumado, utilizando apenas cuatro unidades. La clave de esta versión económica y rápida radica en su simplicidad, desmintiendo que mayor cantidad sea siempre sinónimo de mayor calidad. Eso sí, el tamaño importa: si los huevos son muy chicos, conviene agregar uno o dos extra por las dudas, porque en la cocina siempre es mejor que sobre a que falte.

El proceso es directo, pero requiere respeto por los tiempos y las temperaturas. Todo comienza calentando medio litro de leche con la mitad del azúcar (unos 65 gramos) hasta que rompa el hervor. Por otro lado, se mezclan los huevos con el resto del azúcar. El punto crítico, como en toda cocina familiar, es la unión de las partes: hay que añadir la leche caliente lentamente a la mezcla de huevos, revolviendo sin parar para evitar que cuajen antes de tiempo, incorporando al final una cucharadita de esencia de vainilla.

La alquimia del caramelo y la grieta de los agujeritos

El verdadero desafío del flan no está en la mezcla, sino en el caramelo. Hay que tener mucha precaución, ya que el azúcar caliente alcanza temperaturas peligrosas; si hay chicos en la cocina, este paso es mejor hacerlo lejos de ellos o recurrir al caramelo líquido comprado para mayor tranquilidad. Una vez acaramelada la flanera, la cocción se realiza a baño María en horno bajo (150°C) durante unos 45 minutos.

Aquí entra en juego el gran debate nacional: ¿con o sin agujeritos? Si sos del equipo que prefiere esa textura aireada, dejá que el vapor del agua se expanda dentro del horno. Si, por el contrario, buscás una textura lisa y cremosa, tapá el molde con papel manteca. Una vez frío y desmoldado, la tradición manda: se acompaña con una crema chantilly bien blanca, una montaña generosa de dulce de leche, o ambas, coronando el famoso flan mixto.

Innovación para la picada: el toque umami

Dejando de lado la dulzura, pasamos a una receta que ha causado furor en las listas gastronómicas de 2025: las galletas de queso con Lao Gan Ma. Esta preparación nace de una anécdota de campamento, donde la necesidad de llevar un snack duradero se cruzó con la obsesión por el famoso condimento de chili crisp chino. El resultado es una galleta donde la riqueza del umami complementa la masa mantecosa y el queso parmesano, aportando un picor fantástico y una textura crujiente ideal para acompañar un trago antes de la cena.

La preparación requiere un procesador de alimentos para facilitar la tarea. Se combinan 150 gramos de harina, 70 gramos de queso parmesano finamente rallado, una pizca de azúcar y sal. A esta base seca se le incorpora manteca fría en cubos, procesando hasta obtener un arenado. El ingrediente estrella, dos cucharadas de chili crisp (escurriendo el exceso de aceite para no engrasar la masa), se añade junto con una yema de huevo y un toque de jugo de limón. Finalmente, se integra cebolla de verdeo finamente picada.

Técnica y paciencia para el horneado perfecto

La masa resultante, que tendrá la consistencia de arena húmeda, se trabaja suavemente hasta formar un bollo y luego se estira en forma de cilindro de unos 25 centímetros de largo. El toque visual y de sabor lo dan las semillas de sésamo (negras o blancas), por las cuales se hace rodar el cilindro hasta cubrirlo por completo. Tras un descanso de media hora en la heladera envuelto en film, el rollo se corta en monedas de un centímetro de grosor.

El horneado se realiza a 175°C durante unos 20 minutos. Es normal que la base de las galletas adquiera un tono rojizo oscuro debido al aceite de chile; no es señal de que se hayan quemado, sino de que el sabor se está concentrando. Aunque la tentación sea grande, estas galletas alcanzan su punto máximo uno o dos días después de cocinadas, cuando los sabores se han asentado y la textura se ha vuelto aún más crujiente. Ya sea para cerrar la comida con el flan de siempre o para abrir el apetito con una propuesta cosmopolita, estas recetas demuestran que la cocina es el lugar donde conviven lo clásico y lo nuevo.

Arturo Hernández