El eje sobre el que gira el mundo y la nueva amenaza bajo los tres palos para la Finalissima

El eje sobre el que gira el mundo y la nueva amenaza bajo los tres palos para la Finalissima

Todo Mundial se jacta de ser global, pero si somos honestos, pocos lo son realmente. Si uno despeja a los anfitriones, los patrocinadores, los eslóganes y el espectáculo, lo que queda es el peso histórico de dos naciones que nunca trataron al fútbol como un simple entretenimiento. Para Argentina y Brasil, la Copa del Mundo no es un evento en el calendario; es un referéndum recurrente sobre la identidad. Cuando ambas potencias entran en escena, el torneo deja de pertenecer a los organizadores para pasar a ser propiedad de la historia. Norteamérica puede ser la sede en 2026, pero serán argentinos y brasileños quienes definan su significado.

Argentina: la memoria, el sufrimiento y la paz de la tercera estrella

El fútbol argentino siempre ha existido en diálogo constante con su pasado. No se juega en aislamiento, sino en una negociación perpetua con la memoria. Cada volante talentoso carga con los ecos de sus predecesores y cada gol decisivo se pesa contra los que vinieron antes. Durante décadas, Argentina vivió en una contradicción emocional: bendecida con genios y agobiada por la expectativa, se convirtió en una nación que jugaba hermoso pero temía sus propios finales. Las derrotas no eran meramente competitivas, eran psicológicas. Una generación creció creyendo que la brillantez invitaba al castigo.

Pero llegó 2022. Aquel Mundial no solo coronó a la Selección; reconcilió al país consigo mismo. La victoria se sintió menos como un triunfo y más como una liberación, un desahogo colectivo que tardó décadas en llegar. Lo que siguió fue algo raro en nuestro fútbol: paz. De cara a 2026, Argentina porta una energía distinta. Ya no juega para saldar cuentas, sino para continuar una historia que finalmente tiene sentido. El equipo entiende cómo sufrir sin entrar en pánico, cómo proteger el resultado sin replegarse por miedo y cómo confiar en la estructura colectiva sin asfixiar la creatividad individual.

Brasil y la obligación de la estética

Brasil, en cambio, no lleva el fútbol como memoria, sino como herencia. Desde que un chico brasileño toca la pelota, el juego llega con instrucciones: jugá libre, jugá lindo. Ganar no alcanza; hay que honrar la amarela. Brasil es la única nación para la cual la victoria por sí sola es insuficiente; el triunfo debe verse bien, tener ritmo, parecerse a la alegría. El fútbol moderno, con su rigidez táctica europea, ha puesto a prueba esa autoimagen, desafiando si la expresión puede sobrevivir bajo el peso de la obligación. El mayor peligro para Brasil en 2026 no es la oposición, sino olvidarse de quién intenta ser.

Un duelo de filosofías y la mira en la Finalissima

A menudo se compara a Argentina y Brasil como opuestos, pero son complementos en tensión. Argentina cree que el fútbol se forja a través de la lucha refinada por la inteligencia; Brasil cree que se revela a través de la expresión disciplinada. Cuando se encuentren en las canchas de Norteamérica, aportarán una intensidad que disolverá la neutralidad del público. Pero antes de esa cita ecuménica, Argentina tiene un compromiso de jerarquía en el horizonte: la Finalissima contra España, programada para el 27 de marzo de 2026. Y es allí donde asoma una novedad que podría cambiar los planes del rival.

Joan García: el arquero que pide pista en España para enfrentar a la Scaloneta

La reciente victoria del Barcelona en el derbi catalán hizo más que sumar tres puntos; pudo haber marcado un punto de inflexión en el arco de la selección española. Tras una actuación heroica de Joan García ante el Espanyol en un clima sumamente hostil, el arquero del Barça ha entrado con fuerza en el radar de Luis de la Fuente para la próxima fecha FIFA. Hasta ahora, España mantenía una jerarquía clara con Unai Simón a la cabeza, seguido por David Raya y Álex Remiro. García estaba afuera de ese círculo, pero sus actuaciones recientes han obligado al cuerpo técnico a replantearse la situación.

Según trasciende desde Europa, De la Fuente seguirá muy de cerca la semifinal de la Supercopa de España entre Barcelona y Athletic Club, un partido que podría ser decisivo para la próxima lista de convocados. Puertas adentro de la Federación Española hay un debate creciente: aunque el técnico ha sido reacio a tocar el equilibrio del grupo de arqueros, existe la conciencia de que seguir ignorando a García podría jugarle en contra. La idea cobra fuerza y se espera que el arquero reciba su primera citación justamente para enfrentar a la Argentina en la Finalissima.

Salvo algún imprevisto de última hora, el guardameta del Barcelona está listo para ser incluido. La discusión en España ya no es si merece estar entre los tres seleccionados, sino si ya pertenece a la élite mundial de su puesto. Con cada actuación consagratoria, García no solo refuerza al Barcelona, sino que le avisa a la Selección Argentina que enfrente habrá un rival que llega en su mejor momento, decidido a amargar la fiesta de los campeones del mundo.

Pedro González